La mujer que toc贸 el manto de Jes煤s



SU CAR脕CTER:
Estaba tan desesperada por sanarse que ignor贸 las costumbres de su 茅poca y
busc贸 la oportunidad de tocar a Jes煤s.


SU DOLOR:
Haber sufrido una enfermedad cr贸nica que la aisl贸 de los dem谩s.


SU GOZO:
Finalmente haber encontrado paz y libertad, luego de largos a帽os de
sufrimiento.


ESCRITURAS CLAVE: Mateo 9:20–22; Marcos 5:25–34; Lucas 8:43–48


LA PROMESA QUE RECIBE
Dios promete sanarnos. Esa afirmaci贸n puede confrontar a muchos que han
venido sufriendo enfermedades y discapacidades durante a帽os sin fin; pero necesi
tamos recordar que nuestro concepto de sanidad no necesariamente es el mismo que tiene Dios. Para algunos, la sanidad no se producir谩 aqu铆 en la tierra. La verdadera sanidad, la que curar谩 aun a los que no han padecido ninguna dolencia f铆sica en particular durante su vida terrenal, se efectuar谩 en el cielo y no aqu铆. All铆 Dios promete concedernos la mayor sanidad, tanto de nuestras enfermedades como de nuestras discapacidades y de nuestra inclinaci贸n al pecado.


PROMESAS EN LAS ESCRITURAS PARA TI


26 Les dijo: «Si ustedes escuchan atentamente la voz del Se帽or su Dios y hacen lo que es correcto ante sus ojos, obedeciendo sus mandatos y cumpliendo todos sus decretos, entonces no les enviar茅 ninguna de las enfermedades que envi茅 a los egipcios; porque yo soy el Se帽or, quien los sana».
-脡XODO 15:26


Oh Se帽or, mi Dios, clam茅 a ti por ayuda,

y me devolviste la salud.

-SALMOS 30:2


1 Que todo lo que soy alabe al Se帽or;

con todo el coraz贸n alabar茅 su santo nombre.
2 Que todo lo que soy alabe al Se帽or;
que nunca olvide todas las cosas buenas que hace por m铆.
3 脡l perdona todos mis pecados
y sana todas mis enfermedades.
4 Me redime de la muerte
y me corona de amor y tiernas misericordias.

-SALMOS 103:1-4

O铆 una fuerte voz que sal铆a del trono y dec铆a: «¡Miren, el hogar de Dios ahora est谩 entre su pueblo! 脡l vivir谩 con ellos, y ellos ser谩n su pueblo. Dios mismo estar谩 con ellos.[a] 脡l les secar谩 toda l谩grima de los ojos, y no habr谩 m谩s muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existir谩n m谩s».
-APOCALISIS 21:3-4


REFLEXI脫N

¡Qu茅 emoci贸n! Lo que todos los doctores no pudieron lograr, un toque del manto de Jes煤s lo hab铆a hecho. La fe brot贸 como una fuente en el coraz贸n de ella a la vez que se regocijaba en su sanidad.

Como esta mujer, cada una de nosotras necesita el poderoso toque de Jes煤s. Puede que sea una enfermedad f铆sica, o puede que sea espiritual. Como la mujer, necesitamos desesperadamente sanidad. Acudimos a Jes煤s pobres y sin esperanza, busc谩ndole a 脡l como la 煤nica posibilidad para obtener sanidad. ¿Qu茅 necesitas llevar a Jes煤s? Ac茅rcate a 脡l con tu necesidad en ambas manos, y le encontrar谩s justamente a tu lado.

Dele gracias a Dios porque su toque produce paz y libertad y porque la fe es un don que aumenta con el uso. Confiesele cualquier tendencia a mantenerse
siempre dentro de terreno seguro y que eso pueda comenzar a apagar su fe.
P铆dale a Dios que le traiga a la memoria la historia de esta mujer la pr贸xima vez que se encuentre ante la oportunidad de tener que ejercer verdadera fe.


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